Por los momentos de ausencia que se volvieron eternos quería pedirte perdón, porque no supe estar ahí cuando más me necesitaste y porque te perdí antes de tiempo, con la seguridad de saber que siempre te tendría a mi lado.
Me he arrepentido pocas veces en mi vida pero sucedió, ha pasado casi un año y siento aún que estas conmigo, que no te has ido, que la muerte me ha jugado una broma y sigues acá, escondiéndote, bromeando, alegre como eras y como me enseñaste a ser.
Una vez me dijiste que desperdiciaste tu vida, que fuiste la víctima perfecta de mil momentos que no fueron tuyos. Que habías dejado ir todo lo bueno en tu vida y que nunca reflejaste virtudes ni ejemplos. Hierba mala nunca muere y te equivocaste. Porque nunca serás un recuerdo extraviado, para mí eres, fuiste, un corazón incomprendido, víctima de la indiferencia de un mundo que caminó a espaldas tuyas.
Yo me hice camino, te seguí, aprendí de ti lo bueno y obvié lo malo, te quise como a un padre y te traté como un mal hijo y después de veinte años de vida sin dejar escapar una sola lágrima lloré tan lejos de ti al perderte. Te fuiste en el peor momento y en la más ingrata situación. Nunca pude vestir de negro mi alma ni gritar que te extrañaría…
Cuatro lágrimas y un funeral, cuatro lágrimas y un recuerdo, cuatro lágrimas y un mar eterno de soledad y arrepentimiento. Un cuatro de abril decidiste dejar de llorar para que lloren los pocos que siempre estuvieron junto a ti.
Quisiera poder escribir mejor y llenar en cada una de mis palabras una pizca de sentimiento, quisiera llorar escribiendo y no tan solo escribir, quisiera hacer de esta hoja algo inmortal para tenerte ahí, pero no encuentro hoy la inspiración.
Esto va dedicado a mi querido Tío, al que todos juzgaron, al que nadie entendió, y en sus últimos momentos estuve tan lejos que nunca pude decirle adiós. Aquí estoy yo, recordándote, intentando encontrar las palabras para despedirme....
para decirte hola, para decirte adiós.
