Corría desesperada, corría entre los arbustos, esquivando en la noche sus raíces sobre puestas a un sentimiento de terror que humedecía unos bellos ojos pardos.
domingo, 17 de noviembre de 2013
Ojos Pardos
Corría desesperada, corría entre los arbustos, esquivando en la noche sus raíces sobre puestas a un sentimiento de terror que humedecía unos bellos ojos pardos.
domingo, 15 de septiembre de 2013
El bar de los sueños
El ambiente se pinta de blanco y negro, el hombre de tez blanca y penetrantes ojos verdes entra al bar con la mirada perdida en el humo del ambiente, se acerca a la barra al ritmo del piano y saxofón que marcan sus pasos.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Sin calzoncito...
Bailaremos al compás de tu cuerpito…
Las tres voces cantaban al unísono distorsionando la letra y el ritmo de la canción que habían puesto a todo volumen en la laptop. Detrás de ellos se encontraba Chano, sentado en el sillón que había dejado una marca sumamente notoria al arrastrarlo por todo el departamento para dejarlo en posición perfecta frente a una amplia y estratégica ventana que permitía ver la causa y razón de la euforia de sus amigos.
Un piso más arriba y frente a ellos la vecina más hermosa que le había tocado tener en su vida, cometía en esos instantes el terrible, pero a la vez placentero error de haber enviado a lavar aquellas cortinas fucsias que se alzaban como enemigos mortales de aquel grupo de impresentables que hoy celebraban su partida.
Chano le dio un sorbo lento y pausado a su cerveza, se puso de pie; y acercándose a la ventana, empujó a uno de los tres, que había empezado a frotar el trasero contra el vidrio; pareció no escuchar sus quejas, había puesto en pausa el resto de sus sentidos para agudizar la vista. Sus ojos verdes se clavaron en la figura perfecta que se hallaba desnuda frente a ellos, dejando como parte de su piel una sugestiva ropa interior.
Todo hacía indicar que bailaba una canción, ya que cada prenda caía marcada al ritmo de su cintura. Algo que acrecentaba la locura de aquel grupo de amigos.
Por raro que parezca, sus ojos se clavaron inicialmente en una hermosa y ensortijada cabellera de un castaño oscuro que parecía brillar bajo la tenue luz de su habitación. Uno de sus risos jugaba en su frente, como buscando esconderse en esos ojos redondos color negro acaramelado, que por momentos achinaba y luego abría como platos, dándole un aspecto dulce y coqueto a la vez.
Tenía la cara ligeramente alargada, había perdido peso desde la última vez que se cruzaron entre los fugaces reflejos de su ventana, pero aun así se mantenía tan bella como la primera vez que la vio.
Sus labios dibujaban casi siempre una sonrisa infinitamente contagiosa, tan rosados que contrastaban con aquella hermosa piel morena como tostada en las calurosas tardes de un febrero limeño.
Ni hablar de sus curvas, todas medidas con precisión y cada talla se había convertido en el debate actual de sus compañeros, que lo obligaron a volver nuevamente a la realidad, cuando el “gordo” Pablo, el más flaco y cercano de sus amigos decidió bajarse los pantalones y quedar en calzoncillo en una triste imitación de lo que veía.
- ¡Por favor! – gritó su anémico compañero mientras se mordía el labio inferior – hazme tuyo mi 60-90-60 – gritaba con desesperación, felizmente las gruesas ventanas y la distancia detenían el sonido antes de empezar su camino.
En su radio casetera de los noventa sonaba una canción acorde a esa época, detrás de ella y encima de la cama, una feliz portada de “los nosequien y los nosecuantos” parecía acurrucada entre su falda y su blusa.
(Intentaba) No bajar la mirada para observar a aquellos cuatro muchachos, que en los últimos 5 minutos habían dejado empañado y casi en cero visibilidad la ventana que apuntaba a su cuarto. No pudo evitar mirarlos cuando el más flaco y feo de todo el grupo empezó a desnudarse, dejando escapar una sonrisa que se convirtió en carcajada, ahogada gracias a la música.
Sus ojos se posaron en ellos un par de segundos, pero fue suficiente para volverse a reír, no pudo evitar miradas con su compañero más cercano, lo reconoció como el dueño del departamento por sus esporádicos encuentros. Los dos tenían la costumbre de acercase a la ventana en las madrugadas de poco sueño e intentar buscar una estrella en el nublado cielo limeño, ella muy pocas veces lo había logrado, pero tenía la sensación de que él la encontraba noche a noche.
Cuando cruzaban miradas fugaces podía jurar que sus ojos brillaban clavados en ella, sin negar que habían noches en las que prefería buscar ese brillo al de cualquier otra estrella, pero cuando hacían contacto retrocedía tímido ante la oportunidad.
Esa noche sucedió lo mismo, sus miradas se cruzaron por un segundo, pero fue suficiente para sonrojarlo y obligarlo a clavar la vista en el pico de su botella, llevándose un largo trago a la boca.
- ¡Gordo! – le gritó otro de sus amigos al esquelético Pablo - ¡No pues!, ya te vio calato y la asustaste, ponte el pantalón antes de que nos apague la luz.
La chica se dio media vuelta, siguiendo el ritmo de su canción y cuando parecía marcharse, pegó el trasero contra el vidrio, y lo sacudió de despedida. Fueron cuatro corazones que dejaron de latir por un segundo, paro cardiaco seguido de taquicardia histérica, cada latido era un intentó de escape del corazón para llegar a ella.
- Eso es maldad pura – dijo uno de ellos, mientras la veía perfilarse, dándoles un guiño mientras sacaba ligeramente su lengua y mordía la punta con delicadeza para finalizar el acto con un beso volado que se estrellaba en el vidrio mientras ella apagaba la luz y la oscuridad se llevaba su figura.
- ¡NOOOO! – se lamentaron todos en coro.
Uno a uno se fueron marchando de aquel lugar, con una mezcla de alegría y tristeza en el corazón, o como diría el “gordo” Pablo… “en los pantalones”.
Chano se quedó unos minutos más observando el espacio vacío que se llenaba de oscuridad, decidió robar el último sorbo de cerveza de aquella botella, y cuando parecía rendirse; la luz volvió milagrosa, por un segundo eterno en la que pudo verla completamente desnuda frente a sus ojos.
La botella se le resbaló de las manos, un hilo de voz quedó atrapado en su garganta y su pulso se disparó a mil, mientras distinguía en el silencio del momento una risita cómplice, picara y atrevida que llevando el dedo índice a los labios le pidió guardar el secreto sólo para los dos mientras todo regresaba una vez más a ser oscuridad.
Se quedó atónito, tieso, perdido en el inútil intento de retener el segundo para siempre mientras su alma terminaba de bailar esa canción noventera a ritmo de sus latidos…
“… ¡Esta noche tu vendrás, sin calzoncito!, bailaremos al compas, de tu cuerpito!...”
viernes, 9 de marzo de 2012
El noveno pecado
El hombre gris golpeaba sus botas negras contra el pasto, con la mirada perdida en una estrella que parecía desaparecer en ese vasto horizonte, una extraña mancha roja cubría una parte importante de su cuello extendiéndose hasta su mejilla izquierda y sus ojos brillaban con una intensidad tan vivaz que contrastaba con el triste andar de sus pasos sobre la hierba mojada.
aquel firmamento.
La silueta intentó flotar sobre el pasto, imitando al rocío que cubría la pradera, pero un segundo de torpeza la delataron y su silencio se convirtió en un grito comprometedor, como si dos
piedras chocaran arrastradas en una marea invisible pero traicionera.El hombre se puso de pie en un salto, sus brazos agiles desenfundaron de la cintura una espada maciza, la noche iluminada hizo brillar el filo puntiagudo sobre la garganta cercana. Por un segundo todo fue
silencio, la noche se volvió cómplice de las sombras y detuvo el viento bajo sus pies.
Tenía pómulos delgados y labios rosas que parecían temblar ante su presencia, sus ojos tristes eran de una belleza indescriptible y su larga cabellera parecía bailar con cada brisa traicionera que traía la noche, aquella noche que se había paralizado por ellos un segundo antes.
- ¿Quéhaces aquí?, te dije que te fueras – le espetó en tono tan frio y seco como pudo – ya no hay nada en este lugar para ti – terminó esa frase adolorido, como si la punta de aquella espada hubiese traspasado su corazón.
- Quería despedirme antes de marcharme – le dijo en tono sumiso, casi tan triste como su mirada.
El hombre bajó el arma y la llevó de regreso a su cintura, dándole la espalda y cerrando los ojos con tanta fuerza como pudo. Cuando niño, su madre le había enseñado a hacerlo para meditar y poder ver la verdad en su propia oscuridad.
- Quería agradecerle también – la mujer se armó de valor para decir aquello último – porque fuiste el único que creyó en mi inocencia y…
- Era mi hermano – la detuvo tan rápido como pudo – ya no quiero escuchar más tu voz, ni tus verdades envueltas en mentiras ni tus mentiras que han jurado ser verdad – acercó su mano nuevamente a la empuñadura y la miró con una mezcla de amor y odio – Debería matarte aquí mismo.
La mujer se acercó sin medir consecuencias, posó una mano sobre su la empuñadura y el contacto de piel contra piel la hizo sentir tan viva a ella como culpable a él, acercó sus labios hacia los suyos y pareció susurrarle perdón antes de besarlo.
Dio dos zancadas hacia atrás, como buscando protegerse de un arma tan poderosa como sólo ella podía ser.
- Le pedía disculpas a mi hermano y ayuda a mi dios.
sus pasos los ocultaba el silencio, a su espalda se hacía visible su final
martes, 29 de junio de 2010
El camino del olvido

Caminemos - le dijo el hombre a la tristeza una noche de frio invierno…
Caminemos por senderos calmados, en praderas grises de noches gélidas. Inventó él en su cabeza, ayúdame a recordar su perfume, dibujar en mi mente su silueta y perseguir entre fantasías su andar.
La tristeza lo miraba en silencio, como si hubiesen recorrido ese sendero infinitas veces antes de esta noche. Lo miraba cansado, como agobiado por sus propios pasos y su trajinar intermitente.
Recuerdo con pena y sufrimiento – dijo el hombre…
Mejor recuerda con pana y elegancia – intentó una broma la tristeza
Confundido por su nueva naturaleza y sorprendido de que su muda compañera le hablara, se atrevió a refutarle lo vivido.
¿Acaso te burlas de mis desgracias?, ¿de mi pena, que es tuya y tú tristeza, que es mía?
La tristeza cambió ligeramente su camino y engañó al hombre a seguirla, él sin darse cuenta imitó sus pasos.
“Estoy cansado de ser llamado a caminar bajo la misma luna, considerando tu lamento el más importante, mintiéndote tú, mintiéndome a mi“
¿Ahora menosprecias mis desgracias? – le impugnó indignado el caminante
No, las penas de amor son dignas de caminar una vez, tal vez dos veces, son caminos pedregosos que nos enseñan a levantarnos luego de haber caído, son experiencias enriquecedoras que los vuelven hombres más precavidos al recuerdo de una mujer.
¿Pero cómo salir de este círculo vicioso de pensarla sin tenerla, de soñarla despierto para despertar sin ella?
“Amigo mío, le preguntas al sentimiento equivocado una respuesta que debería ser tuya. Quizás el nuevo camino frente a tus ojos te de la respuesta.
Observó perplejo el caminante, delante de él un nuevo compañero escondido en una túnica blanca lo esperaba sentado en una roca, como cansado de esperarlo, a su espalda el frio parecía culminar y una pequeña resolana se reflejada en el horizonte.
El ser misterioso se aproximó con un andar distinto, dejó de lado el enigma y abriendo su capucha deshizo el misterio de su rostro. Envuelto en rizos dorados y ojos azules se percató que su nuevo compañero era una mujer de rasgos perfectos.
¿Quién eres tú? - preguntó fascinado el caminante.
Soy tu nueva guía en lo que queda del camino, es aquí donde termina la tristeza y empieza el olvido.
Pero yo no quiero olvidarla…
No seas terco hombre – le dijo en una mezcla de dulzura y reproche – ahí donde olvidas un amor, nace la esperanza de uno nuevo.
Camina conmigo – le dijo ella extendiéndole una mano
Caminemos – le dijo el hombre al olvido, en el ocaso de una noche de invierno mientras tomaba su mano.
sábado, 15 de mayo de 2010
El ascensor

- Correría hacia la ventana y saltaría – dijo ella riendo entretenida
- Tampoco, ni que te lo fuera a decir – Su indignación era evidente pero se mantenía calmado para no levantar sospechas.
- ¿Por qué?, ¿me amas? – preguntó inquisidora, con una sonrisa escondida entre los dientes
- Ja, ya quisieras – se alejó el muchacho en dirección hacia la ventana, por ella, los carros se veían diminutos en ese doceavo piso miraflorino –seguro terminaría saltando por la ventana al segundo de decírtelo.
- ¿Para intentar atraparme? – Se volvió a reír ella.
- Ja------ Ja, que cómica eres. NO PARA CAERTE ENCIMA! – intenta bromear enfadado.
- Bueno, seguro eso es lo que quieres desde hace tiempo – No pudo contener la sonrisa y deja escapar una pequeña carcajada cuando se cruzan sus miradas y lo observa iracundo.
- Bueno, ¿sabes qué?, ¡me voy! – la esquivó a pasos agigantados intentando alcanzar el ascensor.
- ¿Pero te vas a ir sin escuchar mi respuesta?
- Ya sé, te tirarías del doceavo piso… ja….ja….chau – dio un paso dentro del ascensor y oprimió “LOBBY”, siempre había odiado lo lento y tedioso de ese aparato, parecía demorarse el doble o triple de cualquier otro ascensor para llegar a su destino, pero era entendible, era un edificio antiquísimo e iba de la mano con aquel modelo descontinuado que parecía sacado de una película en blanco y negro.
11….
10…
No podía dejar de pensar en sus ojos negros y redondos, como si en la más clara de las noches limeñas colgaran dos estrellas de inagotable dulzura, y ni hablar de su cuerpo, cada curva indescriptible, con movimientos capaces de deshacer del papel, esta tinta.
09…
08…
Con aquella piel morena, como tostada por el sol de febrero y endulzada en esos labios rosados que se colaban cada noche entre sus sueños.
07…
06…
Como odiaba la lentitud de este ascensor, como si fuera él, cómplice y autor de estrategias para mantenerla alejada de él, como si cada piso se volviera eterno y entre el quinto y el cuarto hubiesen años de separación que alimentaban su amor por ella, y a la vez, una desesperación terrible por verla.
05….
(Amor, Desesperación, impaciencia)
04…
No quiere pensar en ella, le ha dolido en el alma su respuesta, sabe ahora más que nunca: “Ella no te ama”, se repite y se lo vuelve a repetir y le duele tanto pensar que todo este sentimiento, tan grande, tan fuerte, quede recluido en una simple fantasía.
03…
La puerta del ascensor se abre, es Cristina. Se conocen desde hace años y han logrado entablar una amistad en los interminables minutos que hay del tercer piso al primero.
- Hola Bru, te veo molestó – acierta de buenas a primeras.
- Hola Cri, si otra vez lo mismo – acortan los nombres para ganarle al tiempo y saber un poco más de cada uno antes de tocar el suelo.
- ¿Otra vez ella no? – suspira, entiende que recolectando aquellos minutos año por año, podría terminar una novela de romanti-comedia que la harían ganar un premio, pero… que flojera escribir…
- No te quiero aburrir – intenta cortarla
- Nunca me aburres – le sonríe, él le devuelve la sonrisa pero con la desazón ganándole por dentro.
- ¿Qué te parece – dice ella – si en vez de despedirnos en el primer piso como siempre, nos vamos a tomar algo?
02…
01…
Ella observa desde su ventana en el doceavo piso, lo ve salir por la puerta con ella y siente un pequeño ardor en el pecho que logra ocultar como todas las veces hasta hoy, pero algo cambia esa noche, no se despiden en la entrada, caminan juntos cruzando la pista hasta su auto y él le abre la puerta.
El ardor en su pecho se generaliza y sus grandes y redondos ojos negros parecen estallarle, corre hasta el ascensor y aprieta el botón de subida mientras que en la pantallita superior ve un número en rojo que parece resistir a moverse…
01…
02…
Ella recuerda toda las veces en las que estuvo enferma y la cuidaba, los detalles para sus cumpleaños, los arrebatos y celos que la hacían reír y que poco a poco la enamoraban, sus ojos azules que parecían brillar cada vez que la miraba….
03…
04…
Conversan unos minutos, él de pie junto a su auto y ella sentada en el piloto haciéndole señas para que se siente junto a ella. Parece tentando y a la vez, sabe que realmente no quiere hacerlo….
Detrás de él escucha un grito casi sin aire
- ¡Hey tu! – él voltea y la ve despeinada, agitada y molesta, sus ojos negros brillan con una intensidad que lo atrapan - ¡SI TU!, ¿ADONDE CREES QUE VAS?
Se acerca a grandes zancadas al automóvil y cierra la puerta de golpe
- ¡Tú! – mirándola amenazante – PON PRIMERA Y ARRANCA
En una mezcla de indignación y miedo acelera embarrando sobre ellos el agua estancada bajo sus neumáticos, ella grita y maldice y a la vez intenta recuperar el aire perdido, con el pelo ensortijado y desordenado, un poco de barro en la ropa y en la cara, con los ojos casi salidos en una mezcla de negro con rojo y sus dientes chisteando; nunca la había visto más hermosa.
- ¿Por qué estas tan agitada? – le pregunta, aún sabiendo que bajo los doce pisos corriendo
- Es…a…. por… que…ría…. De…. Ascen…sor – dice rápidamente sin recuperar el aire.
- Pero, hubieras saltado por la ventana, así derrepente me caías encima – se ríe sin intentar disimular su sonrisa.
- Que…….Có….mi…..co…….ja……..ja
La coge de la mano y la lleva de vuelta al ascensor, él la mira con renovada confianza y ella lo mira con sus grandes y vulnerables ojos redondos. Ven la pequeña luz roja que empieza a bajar de su interminable travesía: 12…11…
Se acerca, ella se aleja, la apresa de la cintura y se vuelve a acercar, nariz con nariz sus ojos no pueden creer que se cumpla la fantasía y se besan durante los interminables minutos en los que el ascensor intenta llegar a su….un pitido los interrumpe y las puertas del ascensor se abren frente a ellos.
Miran atónitos la impresionante e inoportuna velocidad de su llegada, se ríen imaginando aquel maquiavélico plan del ascensor por separarlos, dan un paso en su interior y se vuelven a besar mientras las puertas se cierran apresuradas.
- Si se te ocurre ir rápido esta vez, te desarmo con mis propias manos – amenaza con firmeza a su enemigo y el conteo empieza otra vez.
1…
2…
Se besan….
3….
4…
Sus ojos se buscan, sus labios se piden (la desesperación está latente, pero es una desesperación diferente, les gusta)
5…
6…
La velocidad de su ascenso no los detiene, se aman, se toman, se besa, se abrazan
7…
8…
- Te amo – le dice ella
9…
10…
- Te amo – le dice él
11…
12…
Las puertas se abren en un santiamén
- ¿Vamos a mi cuarto? – le dice ella
Las puertas intentan cerrarse pero su brazo es más rápido y lo detiene. Se alejan a pasos agigantados mientras que con un pitido semi apagado el ascensor admite su derrota.
domingo, 21 de marzo de 2010
Prescindiendo de ti

Eres la causa y motivo de su desaparición y de la pena del alma envuelta en mil perdones. Como hacerte entender, si el que te escribe no entiende de palabras ni llantos, que alguna vez en las hojas de tu memoria esta tinta no pudo secar.
Soy tuyo o para ti, comenzaba otra vez en la tormenta inconstante de tus recuerdos y volvía a evaporarse
Acabamos con un te amo y comenzamos con un quizás, pero en el camino te aseguro que nunca hubo dudas; menos aún, un pero, aunque, quien podría negar un quizás, que se escapa de entre las páginas blancas de momentos oscuros, haciendo temblar al cuerpo y el alma se hace débil ante su figura, volviéndonos infieles hasta en palabras.
Como poder amar toda una vida sin encontrar en la rutina ese pequeño segundo que lo arruina todo en la debilidad de un error fugaz…
De la pasión que sólo existe por una noche; noche en la que existimos tú, yo y el terrible deseo de borrarnos de esta tierra por los inagotables golpes de la conciencia.
Por siempre tuyo….leyeron sus ojos en aquella página en blanco, arrugada tantas veces por la desesperación de olvidarnos
….Prescindiendo del segundo en el que te perdí….
……
Firmó el poeta traicionero, que olvidó de amor en sus letras.
sábado, 27 de febrero de 2010
Senderos de Piedra Caliza
Aquel lugar tiene muchos nombres, muchos significados, pero un solo y oscuro final, Bruno ha olvidado porque llegó ahí, quizás una vida de infidelidades, las mentiras envueltas en sonrisas y los llantos que nunca fueron suyos pero que él causó.
Camina rápido, recorriendo un pasadizo de piedra caliza que parece encenderse sola y quemar sus pies descalzos. A cada lado celdas cubiertas de tierra y olvido, y las barras que esclavizan a los condenados parecen hechas de huesos tan duros, que ni el hombre más fuerte de aquel lugar podría romper.

Una mano ágil escapa del calvario eterno y le sujeta la piel con tanta fuerza que se siente desgarrado; “déjame morir para siempre, déjame, déjame” balbucea loco, con los ojos desorbitados y la sensación más triste que puede sentir el alma, un vacio eterno en la desesperanza certera de estar perdido.
Golpea el débil miembro que lo sostiene y le sonríe maliciosamente, “morirás como todas las noches esta noche, no te preocupes”
Las lágrimas se apoderan del pobre diablo que lo mira asustado, y es que hace mucho no cruza miradas con alguien que parece no estar aterrado en aquel infierno….sí, infierno.
Reanuda su marcha infinita, cruza mil celdas y entiende que en cada puerta se castiga un pecado diferente, una mujer infiel sufre interminables horas de placer que la agotaron hace miles de años y ahora sólo llora que se acabé, pero él y ella lo saben, nunca jamás se acabara.
Otra puerta le muestra un hombre agonizante, raquítico, con los labios partidos de tanta sequedad, lleno de llagas y dolor sobre una cama hecha de billetes de todas las naciones, por primera vez en su existencia parece que el dinero no lo puede saciar, aquí no sirve de nada. Un billete de cien dólares americanos cruza las barras de la celda con una brisa y en su débil locura el hombre en la insania total y desesperada intenta cogerla pero se escapa de entre sus famélicos dedos y al tocar el suelo se incendia y se vuelve papel carbonizado, el hombre llora como si le hubiesen arrebatado esa botella de agua que necesita, o ese almuerzo que hace cuanto no verá, pero la codicia parece ser lo único que sigue vivo en él y gime por aquel billete perdido de su propiedad.
Bruno camina durante horas y no encuentra su celda, aguanta un nudo en la garganta para evitar el llanto que intenta esconder en esa superficie fría que no se queja por el ardor en sus pies.
Unos ojos tristes se asoman de una de las infinitas celdas y le preguntan obligándole a detener el paso, “¿cuál es tu pecado?”.
-No, lo sé - se responde para sí mismo – deben ser miles, quizás verse obligado a observar las desgracias de la gente sin poder decir nada, sin poder hacer nada, aguantando el llanto y la tristeza sean su castigo, pero realmente no lo sabe, su alma se retuerce de miedo al pensar que algún día encontrará su celda y ese día empiece realmente su infierno.
Camina condenado camina, que cuando se agoten tus pasos empezará tu castigo, retumban las palabras recorriendo todo los rincones, escurriéndose entre la piedra caliza y taladrando sus oídos.
-Si puedes – afirma él mientras sus ojos brillan, acerca su mano a la suya y abriendo su puño con cuidado le entrega una llave pequeña – esta llave te permitirá abrir cualquier celda, tienes toda la eternidad para escoger un castigo. Cuando te canses, usa la llave nuevamente para salir y busca otro – se ríe – así nunca te aburrirás.
-¿Por qué me la das?, ¡No podrás escapar de esa celda si me voy!
-Digamos que – gira la vista hacia su espalda, Bruno intenta ver que hay detrás pero solo hay oscuridad – me gusta este castigo, me gusta tanto, que podría quedarme una vida entera, o hasta mil – ríe una vez más – ¿quieres ver de qué se trata?, si no te gusta, tienes la llave para salir.
La curiosidad se mescla con la intriga, la fatiga tiene por primera vez esperanza y por un momento en tanto tiempo, él duda mientras un rostro sonriente espera su respuesta…
¿Qué escogerías tú se preguntan las almas de aquel lugar?
lunes, 1 de febrero de 2010
Senderos

Imagen del blog "Criatura Nocturna"
Sus ojos de un claro oscuro que enternece el alma del que no lo conoce, se pierde en una primera percepción. Sus zapatos gastados de tanto caminar levantan el polvo que parece detenerse en la ingravidez de un minuto perdido, en el que el péndulo del tiempo no puede encontrar su camino de retorno.
Una gabardina cubre su cuerpo, y las sombras de una noche sin estrellas oculta la mayor parte de su rostro, pisa el césped con cuidado, preocupado de que sus huellas no queden grabadas en su andar y delaten el camino.
Llega a la lápida de sus palabras, aquellas que había intentado olvidar por tanto tiempo, se detiene por fin en la cumbre de un destino que no le pertenece e intenta volver a poner en papel lo que muchas veces dejó escapar de su mente.
Se arrodilla rendido por el recuerdo, conformándose a vivir en una vida sin ella, olvidando sus palabras, prisioneras de la tinta que nunca pudo ser derramada.
He puesto bajo tu pasado una lápida que me obliga a olvidarte…
He puesto en mi mente mentiras que te acercan y verdades que te alejen…
He puesto sobre mí la responsabilidad de nunca más amarte por respeto al amor de otra mujer...
Y sobre ti…
Sobre ti se posa la esperanza de estar equivocado.
martes, 29 de septiembre de 2009
Borrador de un sentimiento
Imagen del blog: compartiendomisimagenes.blogspot.com
Esperé mil ocasos y una luna llena para olvidar tus palabras y seguir mis propios pasos.
Publicaré este sentimiento como nazca, sin el mínimo deseo de releerlo, sean ustedes jueces de mis palabras, y de aquel sentimiento que nace en mí al dejar mi mente en blanco para ella.
Qué tristeza dejarte escapar de entre mis dedos, escurridiza fantasía extraviada de mujer, que se pinta en mis ayeres y desdibuja un “tal vez”.
Quizás mañana te vea y te amé como la primera vez…
Tal vez, tal vez…
Eres la duda recurrente de un te amo en la intensidad de un minuto perdido. Me gusta escribir sin un sentido y que mis palabras me lleven a la deriva como el naufrago de sentimientos que imagino ser cuando no estas.
miércoles, 26 de agosto de 2009
Clandestinidad

Caminaba de noche, despacio, sigiloso con aire detectivesco y la apariencia cautiva en el sinsabor de engañarla con cada paso. A sus casi treinta años era lo más difícil que le había tocado hacer.
- Hijo de tu “$·%...casi me matas de un susto
Se rió disimuladamente y la abrazó con cariño, sus miradas siempre se esquivaban, como quien no quiere ver lo obvio de aquella escena.
- Te estuve esperando casi media hora
En sus ojos una molestia impalpable era dejada de lado por una sonrisa, se volvieron a abrazar, él apretó lentamente su cintura para disfrutar cada segundo en ese intento, ella se perdía en aquel aroma innegablemente atrayente pegada a su pecho.
- No pude salir más temprano, estuve con ella, tu sabes cómo son las cosas
- ¿Cuándo le vas a decir algo sobre mí?
- Bueno estaba pensado que podría ser entre nunca y jamás – le sonrió e intentó no reírse.
- No pues, en serio
- Vamos, vamos, tu sabes que no puedo, ella no lo entendería
El silencio ocupó sus palabras por un minuto y sus pies jugaron a encontrarse, ella volvió a pegar su cabeza contra su pecho y el atinó a abrazarla, una vez más con cariño y con la certeza absoluta de una duda de amor.
- Sabes que te quiero ¿no?
- Si lo sé….gracias
- Imbécil – risas una vez más pero ahora de los dos
- Claro que te quiero, solo que no me gusta decirlo en voz alta
- Bueno, nada que tenga que ver conmigo lo dices en voz alta – le recriminó ella
- Au, eso fue un poco injusto
El silencio otra vez, como ayudando a cubrir los espacios vacios, él la miró seriamente, ella una vez más evitó su mirada…
- Porque me evitas la mirada…dime la verdad es por estos verdes intensos que te derriten – bromeo señalando sus propios ojos
- Uy sí, eso es, estas buenazo – se rió ella
- Yo sabía que era eso, porque nunca me lo dices y evitamos esta tensión sexual
- Tú sabes que no puedo, si lo hago, tendría que echarme encima de ti y besarte…
- Bueno, si es así, tendré que sacrificarme
- Te veo sufriendo eh…
Esta vez la mescla de risas evitó que el silencio aplacara el momento, los ojos de ella se posaron en él, y ahora fue el muchacho el que intentó escapar de su mirada.
- Me gustó hablar contigo pero tengo que irme, en cualquier momento me llama mi novia y prefiero estar en algún lugar donde tenga una coartada.
- Nunca le vas a decir algo sobre nosotros ¿no?
- ¿Sobre qué?
- Tu sabes, no te hagas, que aún somos amigos
- Ehhh…eso….amigos….no…
- ¡¿Por qué?!
- Bueno, tendría que empezar explicándole que aún te hablo, aún te veo….luego tendría que explicarle porque es mala idea que terminemos por eso y luego tendría que buscarme una novia nueva… y la verdad, estoy bien así.
- ¿Amas a tu novia?
- ¿Tú amas a tu novio?
- No me has respondido
- Tu tampoco
- No seas niño
- No seas niña
- Si soy una niña – sonrió
- Y yo soy…
- Un viejo
- Hey, Hey…todavía estoy en base dos, eso es ser niño
- Recuerdas cuando me amabas –presionó ella
- Vagamente – esquivó él
- ¿A quién amaste más?
- Esa no es la pregunta correcta
- ¿Entonces cual es?
- ¿A quién amas ahora?
- Otra vez me respondiste con una pregunta
- Entonces realmente no te respondí nunca
- Me estas confundiendo
- Esa es la idea
- ¿Me amas?
- Te lo puedo contestar en dos palabras
- ¿Te amo? – adivinó ella
- Esas son tus palabras
- ¿Y Cuáles son las tuyas?
El sujeto se puso de pie y se acercó rápidamente a ella posando sus labios cerca a los suyos, y cambiando el rumbo a último minuto logró colocar el beso en su mejilla... en el brilló de sus ojos dejó oculta una respuesta, le dio la espalda y empezó a alejarse
- Nunca me respondiste – le gritó ella a la distancia
- Amistades peligrosas
- Esa no es la respuesta a mi pregunta
- No, esa es la respuesta a mi pregunta – gritó él para asegurarse que lo escuchaban
- No entiendo – gritó un poco más fuerte
- Esa es la idea - dijo sólo para él mientras la dejaba atrás.
A veces somos mucho más de lo que podemos imaginar para algunos, sin saber, dejamos huellas imborrables en la vida de la gente y eso hace que tiendan a retenernos cuando nuestros momentos acaban. Alguna vez me dijeron que las personas entran a tu vida en tres categorías diferentes: Por una razón, por una temporada o por una vida y no importa en qué categoría estén siempre te impactan de una u otra forma, ayudándote a crecer, madurar y aprender… el problema esta cuando hay personas que por alguna razón entra una temporada en tu vida y se queda clavada para siempre en el corazón.
martes, 18 de agosto de 2009
Volviendo a mis palabras

Las noches limeñas son perfectas para olvidar los recuerdos empozados de memorias ajenas y pasados cercanos, eso eras tú o por lo menos así te describía.
Eras la definición perfecta de amor entre mis letras aunque hoy amara a otra persona con un corazón distinto al tuyo, vivía en un mundo que ya no giraba en lo turbio y difícil de tus momentos y la vida era sencilla, hasta quisiera decir feliz, llena de sonrisas y alegrías que por momentos me pertenecían.
Pero aún te amo, y dudo entonces que sea amor lo que siento por aquella mujer que dice amarme con locura. Escondo bajo llave una fotografía gastada y en indeleble el alma incrustada en el negro recorrer de su tinta.
Por siempre tuyo leí….
Por siempre mía esta pena
Por siempre nuestro el recuerdo
domingo, 25 de enero de 2009
Minuto de amor
Victimas de tus propias palabras de amor,De tus promesas eternas enfrascadas en un te amo
…Camina solo…
Porque nunca supo hacer durar el sentimiento
Y a su paso;
Mil corazones rotos lloran su ausencia.
Pero su corazón nunca guardó el sentimiento,
Con cada mujer lo intentó
Y fracasó con un te amo sincero
Y la mentira de un para siempre.
Es tan fácil enamorar a una mujer
Y tan difícil olvidarla
Cuando aún te ama
Pido perdón por amar sin intención
Y olvidarlas sin una valida razón,
Pido perdón por esta lírica entorpecida
Que traje a ustedes para calmar la conciencia
Y amar
Sin tener en cuenta las consecuencias.
miércoles, 24 de diciembre de 2008
FELIZ NAVIDAD


miércoles, 17 de diciembre de 2008
Wally feel good
No pierde la sonrisa y saluda a la gente al pasar, cosa que los demás no entienden y le devuelven el saludo con un insulto o un gesto casi tan ofensivo como su sentido de la moda.
Wally arranca una pequeña flor del suelo, se la acerca a la nariz y la huele tan romántica y estupidamente a la vez, su andar se hace mas porfiado, pero él siente que la vida le sonríe, de hecho, mientras camina tatarea un poco de soul y deja escapar de su boca con ligereza un “I feel good, naranaranarana, i feel that you know it naranaranarana…”
Al ritmo de la música intenta contornearse y darle algo de estilo a sus pasos, así nos damos cuenta, que también carece de ritmo…….y estilo. Pero no importa, el desgraciado es feliz, no necesita que la vida le sonría, él le sonríe a la vida y así pasan sus horas, caminando sin rumbo.
A la distancia dos sujetos lo observan y ríen, se acercan y le cierran el paso, Wally sin dejar que el ritmo de la música se escape les responde cantando “please let me pass, naranaranarana…” los sujetos sacan una navaja y sin dejar de sonreír por aquella muestra tan agradable de estupidez uno comienza: “dame todo tu dinero, esto es un robo” y el otro completa casi irónicamente “I feel that you know that, naranaranarana”
Pobre Wally, sus piernas desnudas tiemblan de frío en ese rincón amargado de lima que lo observa desde un nublado cielo, como quien se burla de él; sin pantalón, sin dinero, sin dignidad y…esperen…..Wally empieza a tatarear de nuevo, otra vez el ritmo se apodera de esas flacuchentas piernas y decide seguir su camino al ritmo del soul.
Mientras los ladrones huyen tranquilamente con un nuevo par de zapatillas, pantalones y una billetera con tan sólo un par de soles en su interior, uno de ellos se detiene, regresa la vista al extraño sujeto que acaban de timar y dudándolo le pregunta a su compañero sobre el robo realizado.
“Chato… ¿ese no es el mismo sujeto que atracamos la semana pasada?”
Los dos voltean hacia el extraño cantor y bailarín y reconocen con una mueca triste que si lo es. En un segundo de conciencia afligida se acercan apenados con la intención de devolverle sus pertenencias pero Wally está totalmente perdido en la música, con los ojos cerrados se da la vuelta y los señala a un ritmo casi contagiante mientras baila, remueve la cadera y con una seña le pide que lo sigan.
Las calles limeñas no están acostumbradas a esto, tres sujetos bailan y tatarean al ritmo del soul, hasta que uno de los ladrones olvida sus inhibiciones y recuerda que en algún momento de su vida quiso ser cantante y deja escapar un terrible, poco afinado pero en todo caso, feliz: “Waaaaa, I feel good”…
Ahora hay tres locos, dos tatarean y bailan, otro canta a voz en cuello como si estuviera en el mejor de sus conciertos. La gente les abre paso y los miran asombrados.
Una chica de exuberantes caderas camina en dirección contraria y a pocos segundos de colisionar con aquella locura (tengo que reconocer, agradable locura), la muchacha de vivos ojos café y cintura envidiable mira a los lados intentado encontrar las cámaras y al no verla llega a una rápida conclusión: eso no puede ser otra cosa que un programa de cámara escondida. Ella siempre ha soñado con salir en televisión y siente que es su oportunidad. Al estar tan cerca de ellos decide unirse antes que esquivarlos, colocándose unos pasos detrás de Wally y en el medio de esos dos ladrones se contagia por el ritmo asfixiante del momento.
Wally se acomoda los lentes tamaño extra – large/nerd y en un momento de éxtasis, con toda la certeza de ser el hombre más feliz que ha pisado esta tierra, le agrega un paso más a ese ritmo descarriado, ahora también…menean el trasero.
Dos cuadras más allá la canción no acaba y son ocho locos más los que se unen a sus filas, en una mezcla de flexión de piernas, movimiento de cadera, meneito de trasero y ahora un último agregado, palmas en el aire… Wally continúa.
Un par de camionetas de policía los siguen a paso ligero pero dentro de esa esfera de locura la gente ha dejado que sus instintos y sus emociones primen antes que nada y el soul los contagie.
Wally se detiene frente a una puerta grande y dos guardias de seguridad salen a recibirlo.
“Wally, loco del demonio, te volviste a escapar y te llevaste otra vez mi billetera – luego de rebuscarlo – otra vez la perdiste, no lo puedo creer.”
Lo apresan fuerte de cada brazo y el en un último intento de alegría desencajada se despide de aquellos compañeros que compartieron su locura por un día.
Uno a uno se fue dando cuenta de la situación y alejándose avergonzados, ocultaron ese momento para siempre, pero en su memoria quedaran grabados aquellos minutos de libertad extrema, alegría contagiante y locura pura, que solo Wally les pudo dar.
Así que sólo me queda por decir…. “I FEEL GOOOOOOOOOOOOD NARANARANARANAA….”
Química

Son sutiles diferencias los que hacen de nuestros cuerpos dos entes compartiendo una misma cama, un mismo espacio, un mismo corazón. Tú me dijiste con certeza que jamás me amarías y con seguridad te digo: que me amabas con todo el amor que solo yo te puedo dar.
Otra vez solos, tu y yo en este espacio vacío que nos separa y nos une, que nos enlaza en placeres que solo vivimos cuando soñamos en nuestras fantasías despiertas.
Soy tuyo, tú eres mía, y en esta duda eterna del amor por siempre me detengo a meditar por un segundo si será verdad lo que alguna vez con miedo me dijiste:
¿Existe el amor entre personas opuestas o es tan sólo la química de dos cuerpos al chocar?
jueves, 11 de diciembre de 2008
Pasado y presente

En sus ojos tristes una verdad irreprochable se esconde. En el matiz de ojos color pasado se escurre un recuerdo.
Arrepentido de decirle que la odiaba con tanto amor; la extraña….la angustia lo envuelve.
Esa acida sensación que se cola en el alma y envenena el corazón con pensamientos oscuros que apagan la única luz de su esperanza
Camina, da vueltas, olvida y recuerda con la seguridad de amarla y la convicción de no volver a verla.
Lo engañó o eso cree.
La duda lo envuelve
La pena lo mata
El orgullo le quema
La soledad, amante prisionera de un alma solitaria le besa las sombras, lo abraza, lo toca. La desconfianza ronda corazones ansiosos, destruye la esperanza de un sueño y enamora a la soledad.
Palabras antes de ti, porque contigo…
Contigo aprendí que el amor verdadero no le da lugar al miedo
Por eso puedo decir sin temor a equivocarme
Por esta vez y para siempre:
Te amo.
sábado, 8 de noviembre de 2008
Sentimiento sepia
…Fuma intranquilo…
Con cada bocanada de humo intenta derretir el hielo que cubre su alma y no puede. Está ella, que no está con él y lo atormenta la incertidumbre de perderla cuando aún la tiene.
Su habitación vacía. Con la excepción de una silla rodeada tan solo de paredes blancas y humedad, que parecen filtrarse en un piso de madera roído por el tiempo; el mismo que deja un olor a tristeza: ese sentimiento que renace de un corazón agitado por sus propias penumbras.
Fuma una vez más y decide olvidar la pena, pero se aferra al sentimiento inexistente de no tenerla y aún así retenerla en el grito del pensamiento. Las paredes blancas se vuelven de un gris oscuro, el humo de su cigarro se congela, unido a la silla que lo sostiene, queda fijado para siempre en un recuerdo.
Una mano limpia la lágrima que cae sobre la fotografía de aquel hombre de semblante duro y mirada de hielo. Y lo extraña, la única mujer que lo amó más al hombre que al recuerdo
…Por la fotografía de un momento extraviado en el sentimiento de un ser que divago hasta congelarse en vida y morir eternamente en el gris de su propia melancolía….
...El sepia de sus ojos se ha congelado eternamente en el recuerdo de una mujer que es víctima de su lenta agonía…
jueves, 6 de noviembre de 2008
El MeMe recibido

- Linkear a la persona q nos escogió.
- Subir la imagen del Meme e incluir la fuente.
- Poner las reglas.
- Compartir 3 cosas que nunca hayamos hecho y nos gustaría hacer
- y 3 cosas que nunca hayamos hecho y nica haríamos.
- Elegir 6 personas al final y poner los enlaces de sus blogs.
- Avisar a estas personas dejando un comentario en su blog.
Yo la verdad voy a incumplir el paso 6 y 7 en mi función rompe cadenas je.
Bueno comienzo:
3 cosas que nunca haya hecho y nos gustaría hacer:
- Disfrazarme de cuy mágico y regalar plata jaja
- Escalar una montaña grande, grande, grande estar a un paso de llegar a la punta y quedarme un escalón abajo solo por joder
- hacer que lara si crea en el amor jajajaja (ta q cursi a sonado eso jaja...tenía que ir con un poquito de cacha puesss)
- (la 3 de verdad) Ser el primer hombre en pisar Marte para traer mi piedrita roja, venderla y volverme recontra millonario...y de paso tomarme una foto por allá
3 cosas que no haya hecho ni me gustaría hacer
- Engañar a mi novia (esas cosas son una falta de respeto a uno mismo y a la persona que quieres)
- Tomar hasta llegar a un coma etilico......aunque....nono mejor no jaja
- Que me de amnesia
Bueno, ese fue mi meme, gracias Lara Holmes, aquella chica con él nombre misterioso y apellido detectivesco un abrazo y gracias por pensar en mi.
miércoles, 29 de octubre de 2008
Un aroma a pasado y café
Rodrigo
Joaquín, amante del deporte rey, romántico sin causa y deportista por obligación, se encontraba sentado en una mesa de cristal un poco avejentada, respirando una combinación de capuchino y tabaco, los dos mezclados en el ambiente. Junto a él una botella de agua sin gas a medio tomar y una galleta entera recostada sobre una servilleta de papel.
A sus treinta y cinco años, el fútbol se mantenía como su segunda pasión, desde aquella tarde de julio en que una chica de dulces ojos negros le robara su lugar en el podio y lo convirtiera en, casi, un hombre decente. Mantenía ocupada la vista en un periódico deportivo de hace dos semanas, no se cansaba de leer la nota “Perú al mundial 2018”.

Alejó la mirada de la noticia por un segundo y vio al fondo del salón un reloj que marcaba las tres, había quedado con su novia a esa hora, en ese mismo café. Claro, la conocía a la perfección y sabía que las tres significaban las cuatro, un defecto del cual había aprendido a enamorarse, realmente no importaba, ya que le era infiel con lo único que ella le dejaba serlo; el fútbol por supuesto. Volvió a leer la nota de prensa por veinteava vez y sonrió como si fuera la primera.
- ¿Me puedo sentar contigo?
Una voz femenina hizo una pregunta poco inocente, y sin alejar la vista del papel Joaquín respondió un poco en gracia, pero mucho más en serio:
- Claro, puede hacer eso o pedirle directamente a mi novia que me agarre a golpes en el suelo, lo que tu prefieras
La chica, hasta ahora misterio para sus ojos rió dulcemente, una risa que llevó a Joaquín al pasado, diez años quizás o un poco más. Ahora no alejaba la vista del periódico por miedo a reconocer en su risa lo que sería un reencuentro cargado de dulces y amargos momentos, casi tan irónico como la esencia que los acompañaba, un aroma a pasado.
- Bueno Quincito, ¿me vas a invitar a sentarme o me busco otro café?
“Quincito” Dios mío, no podía dejar de pensar que alguna vez lo llamaron así, se rió de si mismo y dobló con cuidado la noticia para dejarla junto a su botella de agua, levantó la vista temiendo lo peor; que aún amara su recuerdo, y el duro golpe con la realidad lo confirmó. Mantenía su belleza: unos ojos vivos y dulces, una sonrisa alegre como pocas veces ella y una silueta casi perfecta, con un poco menos de abajo y un poco más de arriba, así la recordaba y fastidiaba.
- Quinciadita – le dijo con cariño – yo creo por aquí, a tres cuadras, hay un café mucho mejor que éste, si sales ahorita te acompaño a la puerta, pero sólo porque soy un caballero, no te confundas – se rió mientras acababa la frase cachosamente.
Ella hizo caso omiso a su pedido y se sentó junto a él, acercó la silla de golpe y le dio un apretón en la pierna que lo estremeció, se quedaron mirándose, como quien reconoce a un extraño, ella se perdía en sus grandes ojos verdes y él evitaba bajar la mirada y rozar su cintura, la química entre los dos era más fuerte que el mejor de los cafés en aquel lugar olvidado ese segundo por el tiempo.
- Estás más flaco – dijo ella y dio paso al silencio – es un cumplido, puedes decir algo ¿no?
- Tu estás más flaca – dijo él sonriendo – eso no es un cumplido, digo yo, como comentario al aire.

Se rieron, pero ahora se rieron juntos, ella buscó su mano y él la alejó mientras esquivaba su mirada
- ¿Sabes qué?, había pasado tanto tiempo, que creí haberte olvidado pero era simplemente una forma de extrañarte.
- Que cursi mujer – levantó la botella con agua y acercó la servilleta a él, buscó un lapicero en su pantalón y empezó a escribir en el humedecido papel.
- ¿Qué escribes? – preguntó curiosa y sonriente – ¿no me digas que sigues con los poemas?
- Me estoy copiando tu frase, quiero decírsela a mi novia cuando llegue – dio un largo respiro y expulsó lentamente el aire - ¡es que siempre se demora una eternidad, la frase se aplica! – se rió disimulando una sonrisa, pero ahora ella no le devolvió el gesto.
Dejó en una expresión vacía los ojos más tristes que él alguna vez vio, fue tanto el remordimiento, que preguntó rápidamente por ella y por algún nuevo dueño que mantuviera celoso su corazón. “Nadie”, dijo cortante y fugaz dando paso una vez más al silencio.
Habían sido años duros para ella desde que Joaquín se marchó, olvidado y golpeado se apartó, dejándola a ella con un nuevo amor que le vendió ilusiones y le regalo tristezas. Ni dos meses duro la fantasía, y el tan aclamado galán desapareció tan rápido como se la quitó. Ella intentó volver con Joaquín pero el orgullo los mantuvo alejados, él se fue a España a estudiar y ella se vio forzada a olvidarlo por no saber amar.
- Pasé mucho tiempo buscando a alguien como tú y nunca lo encontré, ¿lo puedes crees?
- Bueno, tienes que aceptar que es un tanto difícil buscar tantas tonterías en un sólo hombre
Se volvieron a reír juntos, ahora ella fue más rápida que él y envolvió su mano con la suya, él buscó desesperado al traicionero péndulo que se detenía al escuchar sus palabras y vio para su desgracia que tan sólo habían pasado diez minutos, necesitaba al amor de su lado para distraer esa lenta tortura, pero estaba casi seguro que no llegaría, por lo menos en los próximos treinta minutos y eso era pensar optimista de su puntualidad.
- Quinciadita, saca la mano, que si llega mi novia nos revienta a los dos – le dijo en son de broma, pero muy en serio, un nervioso Joaquín.
- Sigues siendo un tonto, pero tan lindo como siempre - rió ella.
- Si, es la culpa de mi madre.
- ¿Lo de lindo?
- No, lo de tonto – dijo barajando otras respuestas rápidas que quemaran los minutos restantes.
Su mirada buscaba los verdes y redondos ojos de Joaquín, clavados en el reloj traicionero a su espalda. “Fueron tus ojos lo que me cautivaron”, le susurró al oído, el aroma a café se iba haciendo cada vez más fuerte o era quizás que Joaquín respiraba enérgico y sin pausa. Alejó su mente de aquel lugar y recordó otros ojos, su primera pasión y su único amor en aquel momento, bastó con mirarla un minuto para que Joaquín imaginara su primer plan para enamorarla y diez años desde la fecha para ir lográndolo una vez por día con muchas victorias y pocos fracasos; ¿la receta de su éxito? Amar sinceramente o sinceramente no saberlo, pero estaba seguro que una de las dos era la respuesta.
- ¿Qué fue lo que más te gustó de mí? – segunda pregunta poco inocente de la noche de parte de ella, pero sabia que él era sincero y respondería.
- Me gustaron tus ojos….
- ¿Mis ojos?, no mientas, mis ojos son horribles.
- Caramba mujer, déjame terminar que pesada eres – el silencio ahora dio paso a las palabras de Joaquín.
- …Tus ojos, tu sonrisa, tu cintura, dueña del rollito más hermoso del mundo, eso me encantaba, pero para enamorarme necesitaba algo más fuerte…
- Si dices mi poto, te pego por mentiroso – reconociendo entre bromas sus verdades.
- ¿Cuál poto? – dijo él riéndose y levantándose ligeramente como quien busca algo que ha perdido.
- No, en serio Quincito, ¿de que te enamoraste?
Sus miradas se encontraron luego de una larga pelea por evitarse, ninguno de los dos se atrevió a parpadear y el péndulo traicionero detuvo una vez más su marcha hacia el infinito, ella lo miraba sonriente pero con un nudo en la garganta, esperando escuchar aquella cualidad que la haga sentir hermosa una vez más y él mantenía otro nudo intentando detener sus palabras.
- Tus defectos
Ella no esperaba esa respuesta, tan honesta y absurda y él no esperaba que le creyera, aunque fuera verdad. Una lágrima recorrió su mejilla y humedeció un poco más la servilleta de papel que se encontraba justo debajo de ella, haciendo de la palabra “extrañarte” una mancha deforme en su existencia.
- Dije tus defectos, no por llorona, no me hagas esto que no se manejar el llanto mujer, tú me conoces – ella se secó las lágrimas y soltó una carcajada entrecortada.
Joaquín la miró triste, dándose cuenta que ella necesitaba amarse tanto como alguna vez él la amó y él buscó darle sin rencores lo que necesitaba en ese momento: un amigo.
- La verdad, fui bastante tonta al dejarte
- Si, es verdad – Joaquín no aguantó la risa y se dejó llevar, ella lo miró desconcertada y rió con él.
- Sigues riéndote como tonto Quincito – Joaquín frenó la risa inmediatamente y se aclaró la garganta
- Que te puedo decir, tienes razón – volvieron a reírse, pero ahora disimuladamente.
La mujer se puso de pie a toda velocidad y lo miró con ojos brillantes; humedecidos ya no por el pasado sino por el presente y feliz de saber que Joaquín seguía siendo él hombre del cual, alguna vez estuvo enamorada, ya que con el tiempo, había empezado a odiar que la gente cambie, felizmente en Joaquín, el único cambio eran unos cuántos kilos menos.
- Me voy antes de que llegue tu novia Quincito, o voy a tener que recoger los pedazos.
- Sabia decisión mujer, pero no mientas, tu también estas aterrada – le sonrió aunque quiso reír una vez más.
- Te adoro – le dijo sin pensarlo dos veces.
- Que te puedo decir – la miró por un segundo, otra vez en silencio – soy, casi, tan adorable como tú.
Sellaron la despedida con una sonrisa y sin esperarlo ella se acercó a él y le plantó un beso en la mejilla, él la jaló de la cintura y le dio un par de palmaditas a un pequeño rollo escondido en su cadera.
Desapareció por la puerta, él bajó la mirada y la clavó en el recuerdo, no tuvo tiempo de perderse en sus fantasías, la mujer de ojos negros que amaba apareció de improviso y buscó sus labios.
- Perdóname, Perdóname, me he demorado mucho – dijo ella apurada.
- ¿Mucho? pero si solo han pasado… - buscó el infame péndulo y se dio cuenta que marcaban las cuatro y diez, el tiempo había transcurrido volando – No te preocupes, ¿no te he dicho nunca que me enamoré de tus defectos?
- ¿Te enamoraste de mis defectos?, ¿de donde sacas esas tonterías ah? – se burló ella mientras jugaba con su rostro.
- Aunque la verdad es que: había pasado tanto tiempo, que creí haberte olvidado pero era simplemente una forma de extrañarte.
Ella le tapó la boca cariñosamente y volvió a besarle los labios; “tonto”, le dijo riendo.
- ¿Puedes creer que es la segunda vez que me lo dicen hoy?
Se puso de pie y la abrazó fuerte de la cintura, “vámonos de acá, ya me cansé del aroma a tabaco y café”. Al pasar junto a la puerta una anciana miraba de mala gana a Joaquín y no se pudo contener: “Fresco”, pareció decir con dificultad por la ausencia de dientes, su novia no entendió, pero él si. Se alejó unos cuantos pasos y giró lentamente para darse cuenta de que la anciana lo seguía con la mirada con una mueca de desaprobación, no pudo con las ganas y le guiñó un ojo, la anciana ruborizada le quitó la vista de encima y de las tres fue la única que decidió olvidarlo.
