sábado, 12 de abril de 2008

Otra vez tú, otra vez yo....





Estoy sentado, en un oscuro lugar de mi mundo intentando encontrar las palabras precisas para empezar. Quiero contar algo pero todavía no se que es, quizás quiero hablar de ella pero aún no, esperaré.

Otra vez tú, otra vez yo, otra vez el mundo en mi contra y solo mi tinta es capaz de imaginar que puedo vencer la barrera que nos separa, porque el amor recorre distancias infinitas pero no llena corazones vacíos.

Otra vez tú, otra vez yo pero ahora esta él y me ahogo en un recuerdo olvidado, ruego una vez más que no me entiendas, que no me leas, que no esperes que deje de esperar, porque soy la razón extinta de un sentimiento irreverente, de un momento de locura que se escurre entre tus labios.

Me vuelvo infinito en mi rincón, porque cuando escribo solo existo yo pensando en ti y de esta forma existimos tan solo los dos. Pero, ¿Qué somos?... Somos dos gotas de tinta en la eternidad de mis palabras, en la ausencia de mis recuerdos y en la fragancia de tus momentos.

Eso somos y eso seguiré siendo para ti, nada más ni nada menos, no esperaré que me ames por eso. Yo anticipo lentamente tu olvido y olvido lentamente que te espero…

viernes, 11 de abril de 2008

Su Coca Cola 1.1 (renovada de la cola de mis recuerdos)


- ¿Quiero una coca cola?


- ¿Que?....Gili, son las seis de la mañana…


Las noche se había hecho corta entre las cervezas, las palabras y la resaca, una mujer, dicese por el momento familia, dicese ahora mi hermana, despertó con el cargo de conciencia de muchos amores y pocos recuerdos. Hay que tener en claro que los errores suelen repetirse y nacen con más frecuencia en compañía del alcohol.


La soledad era su más triste enemigo y tomar en su compañía no suele terminar bien. Hice un largo viaje para confirmar sus penas y lo que le causaba más dolor, sus soledades, no era una ni eran muchas pero eran tan diferentes cada vez que las mostraba que podían confundir al ojo más experto y a toda mirada sigilosa que se perdía entre sus lágrimas.


Llenarlo, eran cuatro los hombres, eran cuatro los nombres y era uno el culpable de la poca fe que le tenía al amor, de todo los intentos de llenar un vacío con el sentimiento equivocado. Había sido la mujer del despecho, la mujer de la indiferencia, la mujer del odio y una vez la princesa para alguien que nunca fue príncipe ante sus ojos. Su único deseo era ser la mujer del amor pero había aprendido una sola lección en el camino: cupido es un hijo de puta y sus flechas una puta mierda.


La escuchaba casi despierto, casi dormido, era la victima culpable de un crimen imperfecto, el del amor sin amor. Casi a sus treinta años se encontraba en una frontera casi tangible, de decepción y desesperación que la envolvían aún en esa soledad cada vez más oscura y permanente.


- Tengo la oportunidad de darte una solución – le dije como quien imita a los sabios


- Dime – me miró triste y desconsolada, como si supiera que mi respuesta no llegaría a ser la solución a un problema que llevaba alimentándose de ella más de un año.


- Deja de llenar tu vida de hombres vacíos y tu soledad dejara de ser tu cárcel para ser el puente que encuentre esas dos manos que falten para sostenerlo.


- Porque un puente no se sostiene de un solo lado….


- ….si, una vez me lo dijo alguien que quiero y no necesita las respuestas de mi boca porque sabe que las tiene, solo debe aprender a escucharse


- ¿Entonces?


- Entonces tengo sueño, quiero dormir y solo hay una respuesta más que puedo darte


- ¿Cuál? – preguntó ignorando otros dilemas


- No existe hombre en este mundo que…


- ¿Qué, que?.....¿que me ame?, ¿Qué me quiera?, ¿Qué me llene?


- No, que te vaya a vender una coca cola a esta hora

miércoles, 2 de abril de 2008

A un cuatro de Abril al que no escribire

Por los momentos de ausencia que se volvieron eternos quería pedirte perdón, porque no supe estar ahí cuando más me necesitaste y porque te perdí antes de tiempo, con la seguridad de saber que siempre te tendría a mi lado.

Me he arrepentido pocas veces en mi vida pero sucedió, ha pasado casi un año y siento aún que estas conmigo, que no te has ido, que la muerte me ha jugado una broma y sigues acá, escondiéndote, bromeando, alegre como eras y como me enseñaste a ser.

Una vez me dijiste que desperdiciaste tu vida, que fuiste la víctima perfecta de mil momentos que no fueron tuyos. Que habías dejado ir todo lo bueno en tu vida y que nunca reflejaste virtudes ni ejemplos. Hierba mala nunca muere y te equivocaste. Porque nunca serás un recuerdo extraviado, para mí eres, fuiste, un corazón incomprendido, víctima de la indiferencia de un mundo que caminó a espaldas tuyas.

Yo me hice camino, te seguí, aprendí de ti lo bueno y obvié lo malo, te quise como a un padre y te traté como un mal hijo y después de veinte años de vida sin dejar escapar una sola lágrima lloré tan lejos de ti al perderte. Te fuiste en el peor momento y en la más ingrata situación. Nunca pude vestir de negro mi alma ni gritar que te extrañaría…

Cuatro lágrimas y un funeral, cuatro lágrimas y un recuerdo, cuatro lágrimas y un mar eterno de soledad y arrepentimiento. Un cuatro de abril decidiste dejar de llorar para que lloren los pocos que siempre estuvieron junto a ti.

Quisiera poder escribir mejor y llenar en cada una de mis palabras una pizca de sentimiento, quisiera llorar escribiendo y no tan solo escribir, quisiera hacer de esta hoja algo inmortal para tenerte ahí, pero no encuentro hoy la inspiración.

Esto va dedicado a mi querido Tío, al que todos juzgaron, al que nadie entendió, y en sus últimos momentos estuve tan lejos que nunca pude decirle adiós. Aquí estoy yo, recordándote, intentando encontrar las palabras para despedirme....

para decirte hola, para decirte adiós.


Y donde quiera que estés sepas que te quiero…

miércoles, 12 de marzo de 2008

Diosas del Infierno




Cuando la luna se oculta, los corazones laten de diferente manera, el oleaje cambia, y los ojos – espejos del alma – oscurecen hasta perder el reflejo que les da vida. Cuando cae la noche y la luna se oculta, es porque siente vergüenza de los hombres y le da la espalda a la humanidad.

Sus Curvas dibujan la perfección en el aire que se vuelve suyo en cada movimiento, respira pausado aunque su corazón siga latiendo con furia, el transpirar de su cuerpo es inodoro, expresa tan solo sensualidad y una gota de sudor tentadora recorre su cuerpo con rapidez y se extingue antes de llegar al suelo, se contornea, se agita, se mueve como una diosa en un rincón escondido del infierno ante mil ojos extraños.

Uno de sus ojos no tiene vida, mientras el otro sigue con detenimiento la figura femenina que baila para él, una mujer se acerca a él con una cerveza fría y la deja en su mesa, le sonríe pero él percibe el desagrado que genera en ella: su rostro golpeado, una cicatriz que recorre la parte derecha de su rostro cortándose camino entre un ojo muerto y la piel chamuscada por un fuego del pasado lo hacen indescriptiblemente horrendo, pero no tiene problemas, él opina lo mismo del mundo.

La mujer sigue bailando a un ritmo incandescente, deja el escenario para acercarse a sus clientes, esquiva casi sin mirar a un horrible hombre con la cara cortada y quemada junto a ella y se aproxima a un hombre de mediana edad que agita violentamente un billete de cien dólares en el aire, ella pega su cuerpo con el suyo y por un segundo baila solo para él, en un momento de rapidez casi juvenil arrastra el billete por todo su cuerpo y deja que ella disponga de el. La apresa fuertemente de un brazo y la obliga a posar el oído junto a su boca: “tres billetes mas te esperan en un salón privado”.

Otra mujer que no se aproxima a la descripción de diosa aparece en el escenario, la multitud aplaude y grita, exclamando deseos que solo pueden ser cumplidos en ese lugar. El hombre de la primera mesa, parpadea un solo ojo, el otro sigue tieso, busca desesperadamente a la diosa de ese infierno y la ve alejarse con un hombre que no merece ser descrito.

Ella baila, se quiebra, lo roza y vuelve a bailar. Él boquiabierto y lleno de deseos despilfarra dinero, tiempo y vida; la toca, besa su cuerpo y la vuelve a desear. Unas cortinas negras separaban ese pedazo de infierno con el resto, confidente de placeres y pecados. Una sombra sigilosa se filtró entre los cuerpos y con el frío acero de la muerte acabó con la historia de un hombre que compraba fantasías con billetes de cien, la diosa pretendió gritar pero el rostro desfigurado de aquel extraño le quitó el aliento, se miraron por un segundo y como si no hubiese sucedido nada él se marchó, abandonó ese infierno para regresar al suyo y se alejó sigiloso como había llegado....

miércoles, 5 de marzo de 2008

Reflexiones

Ya no logro ser uno mismo porque me debo al mundo, ya no consigo esconderme de mis palabras porque son de todos, ya no sé existir en un solo verso porque todo cambia, nada se mantiene y soy alguien diferente después de mi última palabra.

Si yo no fui lo que tu querías y yo nunca quise ser lo que por desdicha fui para ti, porque olvidamos las palabras y nos unimos en un solo silencio que anhelé fuese eterno, pero fue tan fugas como mi péndola.

Soy todo lo que cambia y no busco describirme a mi mismo, no escudriño la esencia aristotélica ni la verdad platónica, tengo las respuestas más simples a las contrariedades más ambiguas. Soy la palabra que inquieres y no entiendes, soy la explicación vacante de mis propias señales.

Guardo tan solo la esperanza de no volver a esperanzarme. Guardo en ti el recuerdo de no volver a querer para quererte de nuevo y envolverme en mis palabras para no entenderme una vez más.

Así comienzo y así acabo, con el fin de encontrarte antes de que el sol se ponga en un horizonte que dejé pintado de naranja solo por ti….


Fuiste la luz en las más tristes noches del alma, la vela que no se apaga, el fuego que no se cansa, la llama que no se extingue pero ya no te necesito. Hoy mientras yo vivo de día, tú existes de noche.

viernes, 29 de febrero de 2008

El Intento

Traté de olvidarte lo juro. Así comenzó la historia que había terminado hace ya más de dos años, una mujer intranquila se movía de un lado al otro en un pequeño salón iluminado tan solo por una tenue luz que se filtraba de entre las persianas.

Con su camisa a medio abotonar, su esbelta cadera y lo hipnotizante de su piel hacia contraste con una mueca de preocupación en su rostro. El muchacho que hasta ahora solo había dicho cinco palabras abandonó la cama de un salto y la acorraló contra la pared. Dime que no me amas, que esto no significó nada para ti y te juro que nunca más volverá a pasar.

La mujer mojó sus ojos en lágrimas pero no dijo una palabra, lo miró, se miraron como cuando observas por última vez a la persona que amas antes de morir. No murió ella pero murió él cuando de un golpe cerró la puerta que los juntaba en ese horizonte físico y emocional que los había llevado a amarse una vez más en esa vida; había abandonado el cuarto dejándolo solo, con el corazón en la mano y con el único recuerdo de su presencia: una lagrima evaporándose en la alfombra de esa nada que para el lo fue todo.

Se dejó caer, escondiendo su cabeza entre las rodillas y apretó con tanta fuerza su puño que pudo sentir un dolor punzante en su palma, abrió su mano y la extendió hacia ese pequeño hilo de luz que se escurría entre las sombras, una gota de sangre se mezcló con las líneas del destino para luego caer cerca de la lagrima extinta de la mujer que amaba, que amó, que iba a seguir amando aunque ella amara a otro hombre.

¿Por qué entonces se dejó amar esa noche si lo había olvidado?, ¿Por qué se dejó besar por otros labios que no fueran los que ella juro amar después de él?, tantos porqués y tan pocas respuestas lo frustraban, lo hundían, lo hacían pensar otra vez en ella aun en su ausencia.

Se levantó de golpe una vez más y se acercó furioso ante el último testigo que la vio alejarse de él, esa maldita puerta. La golpeó con fuerza y gritó te amo; un te amo lo suficientemente sincero para despertar las palabras de una presencia ausente.

Yo también te amo. El silencio prosiguió a aquel descubrimiento, ella se mantenía del otro lado del horizonte, capaz de escuchar sus palabras, de sentir sus emociones, de responder a sus plegarias, pero nada mas, una pequeña puerta de madera se volvió gigante entre los dos.

Una emoción recorrió todo su cuerpo, ella seguía con él, ella lo amaba como él la amaba a ella, olvido la distancia, el pasado, los problemas. Traté de olvidarte lo juro, pero no pude, perdóname por otra vez romper la promesa de no verte mas pero es que toda las noches te tuve conmigo, cuando cerraba los ojos, cuando los abría, se que hoy será muy tarde, que hay otra persona, que él te ama, pero nadie te amara como yo, ni tu podrás amarlo como nos amamos, no me pidas que lo explique porque no lo entiendo. Digo que es amor porque no encuentro otra palabra más fuerte, más viva, más real, vine hoy a despedirme. A decirte que me iba y tu no me dejaste ir, no me pidas ahora que te vuelva a olvidar, porque nunca lo hice, porque no se como hacerlo.

Silencio, su cuerpo se llenaba de ansiedad al no escucharla, se llenaba de miedo al sentir que la perdía, se llenaba de amor de solo pensarla. Uno, dos, tres….los segundos pasaban y el silencio seguía siendo protagonista de sus momentos, no pudo más. Rompió el horizonte abriendo la puerta con una fuerza y velocidad que desconocía y se encontró con ella: la soledad.

Otra vez solo, otra vez tú, la presencia del amor se había alejado para que la soledad lo embrague una vez más. Ella se había ido, una lágrima recorrió su mejilla y se dejó caer lentamente esperando tocar el suelo pero no fue así, chocó contra las últimas palabras de una despedida tan larga y triste como su propia soledad. A sus pies una hoja sucia de papel y un poco de tinta ya no pedían que la ame, pedían perdón. Y él una vez más, la perdonó.

domingo, 3 de febrero de 2008

Estrellas



¿Cuándo fue la última vez que miraste una estrella?

Dante, sentado sobre la hierba y proyectando su mirada hacia el infinito, buscaba una en particular, una sola que lo haga detenerse ante su belleza. Como aquella mujer esa misma noche de verano intenso y palabras fugaces.

Ya era tarde, ella ya no estaba con él pero el seguía con ella, buscaba una luz en el firmamento que le diera respuestas, buscaba a Dios en esa infinita oscuridad pero como la luna, esa noche había decidido no aparecer.

Cerró los ojos por un instante y su mirada se volvió en otra penumbra, en su mente aparecieron dos mujeres, la primera fue aquella de la cual se estaba enamorando, escuchó su risa, se perdió en sus ojos y la acarició en un segundo olvidado para sumergirse en su pasado inconscientemente.

Abrió los ojos para no pensar en ella pero no pudo, su corazón y su memoria jugaron contra la razón, ahora estaba ella, la mujer que había amado; con sus ojos como la misma noche, su sonrisa eterna y sus besos tibios en la piel.

Eran dos mujeres peleando bajo la luz de una misma estrella. Dante encontró su estrella, su fuente de luz, su mundo fuera de esta vida y sus tormentos se volvieron sombras esparcidas en el intento de un poema.

Recostó la cabeza sobre la húmeda hierba de Enero y dejó volar la imaginación, por momentos se veía besando a la mujer del presente pero el pasado volvía a posarse observando sus deseos desde un rincón del corazón, un pequeño espacio que siempre fue y será de ella aunque en su mente viva otro querer. Era irremediable, ahora Besaba los infinitos ojos negros que habitaban en su ayer.

El pasado que mantenía en el corazón era quizás como alguna estrella que había muerto en el firmamento hace miles de años; realmente no estaba ahí pero podía seguir viendo su luz. Eso era ella para él, un vacío que se negaba a desaparecer.

En cambio Dante, tu presente es como la estrella en la que posaste tus ojos esta noche, su luz es verdadera, su fuerza existe, no estas mirando una ilusión y aunque este tan lejos, la sientes cerca. Eso es ella para ti, una nueva luz, un nuevo paso, un intento diferente.

Solo queda una incógnita, ¿Qué estrella has de escoger?